Formulación
El activo está en la etiqueta, pero ¿está en la dosis que sirve?
Un ingrediente listado en el INCI no dice cuánto hay. Un activo por debajo de su dosis eficaz es marketing, no ciencia: aparece en la etiqueta, no aparece en el resultado. Se comprueba pidiendo el porcentaje de uso y el estudio que lo respalda, no la ficha comercial.
Pidiendo dos cosas que nadie suele pedir: el porcentaje de uso del activo en la fórmula y el estudio que respalda ese porcentaje. La lista de ingredientes de la etiqueta no dice cuánto hay de cada cosa, así que un activo puede estar presente, ser cierto que está, y estar muy por debajo de la cantidad a la que hace algo.
En la industria eso tiene nombre propio: angel dusting, poner una pizca del ingrediente estrella para poder nombrarlo. No es ilegal y no es mentira. Simplemente no funciona.
¿Qué dice y qué no dice la lista de ingredientes?
La lista de ingredientes, el INCI en cosméticos y su equivalente en suplementos, veterinarios o limpieza, responde qué hay. No responde cuánto hay.
Lo único que sí puedes deducir es el orden: los ingredientes se declaran de mayor a menor concentración hasta cierto umbral, y por debajo de ese umbral el orden deja de ser obligatorio. En la práctica esto significa que:
- Si el activo estrella aparece al final de la lista, después de conservantes y fragancia, está en una cantidad muy baja.
- Si aparece en el primer tercio, al menos está en una cantidad relevante, aunque siga sin decirte el número.
- Si el producto declara «con extracto de X» en el frente y X aparece penúltimo detrás, el frente y el dorso del envase están contando historias distintas.
Es un indicio útil y gratuito, pero es un indicio. La respuesta está en el porcentaje.
¿Qué es una dosis eficaz y quién la define?
Es la concentración a la que un activo demostró el efecto que se le atribuye, en el tipo de producto y en las condiciones en que se probó. La define el estudio que respalda al ingrediente, y ese estudio lo tiene el proveedor del activo: viene en su documentación técnica, no en su folleto comercial.
Aquí es donde se rompe la cadena en la mayoría de los desarrollos. El folleto dice «reduce la pérdida de agua transepidérmica»; el estudio dice a qué porcentaje, en qué vehículo, durante cuántas semanas y sobre cuántos sujetos. Si formulas con el folleto, estás copiando una promesa. Si formulas con el estudio, estás copiando un resultado.
| Lo que te dan | Lo que hay que pedir |
|---|---|
| Ficha comercial con beneficios | Ficha técnica (TDS) con rango de uso recomendado |
| «Alta concentración» | El porcentaje, con su unidad |
| «Respaldado científicamente» | La referencia del estudio, con la concentración ensayada |
| «Grado cosmético / grado alimenticio» | La especificación completa: pureza, origen, estandarización |
Esa última fila es la que más caro sale y la más invisible. Un ingrediente no es un nombre, es una especificación. Dos extractos con el mismo nombre en la etiqueta pueden tener concentraciones de principio activo distintas en un factor de diez, y el que cuesta un tercio suele ser el que trae la décima parte.
¿Por qué un producto con el activo correcto igual no funciona?
Porque la dosis es condición necesaria y no suficiente. Cuatro cosas más deciden si el activo llega a hacer su trabajo:
- El vehículo. El mismo activo al mismo porcentaje se comporta distinto en una emulsión, en un gel o en una solución.
- La compatibilidad. Hay activos que se desactivan frente a ciertos pH, frente a metales o entre ellos mismos.
- La estabilidad. Un activo puede estar en dosis al momento de fabricar y no estarlo a los seis meses en un anaquel a 30 °C.
- La forma de uso. Un producto que se enjuaga a los treinta segundos no puede prometer lo mismo que uno que permanece.
Por eso una fórmula no se arma sumando ingredientes buenos. En más de trescientas fórmulas desarrolladas, los desarrollos que llegaron al mercado y se sostuvieron tuvieron siempre lo mismo en común: el activo estaba en dosis y el sistema alrededor lo dejaba trabajar.
¿Qué preguntas hago si no soy químico?
Estas cuatro alcanzan para saber si estás frente a un producto o frente a una etiqueta. Sirven igual si eres el dueño de la marca preguntándole a tu proveedor, o si estás evaluando qué comprar:
- ¿En qué porcentaje está el activo en la fórmula?
- ¿De dónde sale ese porcentaje? (La respuesta correcta menciona un estudio o un rango de la ficha técnica.)
- ¿Se comprobó que sigue estando en esa cantidad al final de la vida útil?
- ¿Qué pasa si lo subimos? (Si la respuesta es «no se puede por costo», al menos ya sabes cuál fue la decisión.)
Ninguna de las cuatro requiere formación técnica para hacerla. Las cuatro requieren formación técnica para responderlas, y ahí está el punto: la calidad de las respuestas que recibes te dice con quién estás trabajando.
Por qué esto me importa
Llevo veinte años formulando, y el patrón que más se repite no es el fraude: es la buena fe mal informada. Marcas que creen tener un producto activo porque su proveedor se lo dijo, y descubren el problema cuando un cliente técnico pregunta, cuando una cadena pide sustento o cuando el producto no cumple lo que prometió y el consumidor no repite.
Un activo en dosis sub-terapéutica es marketing, no ciencia. Y el problema de construir una marca sobre marketing sin sustento no es ético solamente: es que no tiene segunda compra.
Ing. Sebastián de los Ríos Fondevila
Ingeniero químico, fundador de Janpi Laboratorio Industrial y director del programa Senior Fórmula. Trabajo en el punto donde la química deja de ser teoría y se convierte en un producto que se vende en un anaquel.
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